19/05/2012

Película: Detrás de la pizarra


Sinopsis:


Stacey Bess ha soñado con ser profesora desde niña. Una vez graduada el destino le ayuda a conseguir empleo rápidamente: la nombran profesora de una escuela de niños sin hogar. De esa forma Bess se enfrenta al reto de educar a niños que necesitan algo más que libros escolares.  Y todo en una deprimente estructura donde apenas tienen asientos y un pizarrón.

         Bess desarrollará lazos especiales con sus jóvenes alumnos, cada uno con una historia que contar y un futuro incierto por delante.


Opinión:

         Esta película estuvo basada en una historia real.  Aún así no me conmovió. No se me confundan, sí siento simpatía y consideración por los niños que están en la situación de los que aparecían en el filme. También me inspira saber que hay gente que se preocupa por ellos y los ayuda sin esperar nada a cambio. ¡Pero! Eso no basta para hacer esta película disfrutable.

         Por fortuna no abusa de momentos y música melodramática para agradar al espectador. Aunque las situaciones conmovedoras termina por cederlas la propia naturaleza de la trama.

 Algo curioso de este film es justamente la falta de tragedia palpable. El final perfectamente feliz para todos los personajes hace a la película, más que esperanzadora, olvidable. Y esto combina con el desarrollo de la trama que –dejando de lado pequeños conflictos que terminan por resolverse rápidamente- solo consiste en el mejoramiento de la humilde escuela.  Déjenme decirles que no es necesario que exista un enemigo para hacer una buena historia pero esta hubiera sido mucho mejor con uno (como una pandilla rebelde molestando a la escuela o unos estudiantes/ padres más problemáticos).

 Pero ese es el riesgo de ver una “basada en hechos reales”. No podemos exigir mucho y por eso mismo, si ven este filme, no esperen demasiado.


05/05/2012

Errores y enseñanzas de reportajes hechos por novatos


La semana pasada mis compañeros y yo hicimos una evaluación grupal al inicio de nuestros primeros reportajes. Yo ya les hablé, en otro post, de mi error principal (opinar). Ahora les dejo una pequeña lista-resumen de los principales errores y observaciones del curso en general (he incluido explicaciones extra en algunos puntos que lo ameritaban).

-Para hacer un título piensa en las palabras claves de tu texto.

- No olvides el verbo en el titular:

         Si escribes “Los peluches de felpa” o algo por el estilo dejas al lector preguntándose “los peluches de felpa….¿¡qué!?” Y seguirá de largo porque no sabe de qué quieres hablarle. Algo muy diferente sería  “Los peluches de felpa pueden desatar alergias letales”.

-Evitar las preguntas en el titular. (Aún cuando es obvio que la responderás en el texto).

-El titulo tiene que informar.

- El titular debe ser preciso:

En un reportaje acerca de, por ejemplo, bandas criminales que hacen vida cerca de un río el título: “La comunidad tiene miedo del río”, podría hacer pensar en que el texto  trata de las crecidas de las aguas o tal vez de que el río contiene animales peligrosos. Se debe armar el titular de forma que el lector no tenga duda de que habla el reportaje.

- El titulo debe corresponder a la entrada (de esto ya hablé en el post anterior).

- El titular debe tener en promedio unas ocho (8) palabras:

         Esto no es una camisa de fuerzas. Lo digo a base de las instrucciones que nos dio mi profesora en clases. Los conectores no suelen contar pero en todo caso yo intento no pasarme de las 10 palabras.

-El sumario debe ser preciso.

         Lo mismo que el titular. Además, si el titulo dejo alguna duda el sumario debe terminar de aclarar el asunto.

- La pregunta  en el sumario no está prohibida pero es mejor dar respuestas. O sugerir las preguntas sutilmente.

-La precisión vale también para el resto del texto:

Si pasas un párrafo entero sin explicarte claramente el lector se confundirá y dejará el texto aún cuando quiera saber del tema.

-Más de 20 palabras hacen una frase confusa.

-Evitar opinar.

-Evitar los prejuicios.

-No generalizar, precisar:

“Venezuela  se ahoga” sería una expresión muy general cubriendo, por ejemplo, una inundación en los estados costeros del país. Aunque queramos causar impacto simplemente no está bien meter todo en un mismo saco.

-No dar consejos (eso hay que dejárselo a las fuentes, en especial las expertas).

-Cuidado con la polémica.

-Tomar distancia para ver opiniones ajenas, (observar el asunto con otra óptica).

-Las cifras son  poderosas pero muy frías, hay que usarlas con cuidado.

-Hay que saber dosificar tanto los datos como la narración.

-No subestimar el cierre.


27/04/2012

Los errores que genera la arrogancia en un reportaje


Los jueves son el núcleo de mi semana. Pues es ese día cuando me enfrentó a la materia periodismo III (reportajes). El jueves de esta semana fue muy difícil pues mi clase hizo evaluaciones conjuntas a los reportajes que cada alumno entregó (solo a los titulares, sumarios y entradas).

         En el post siguiente a este les daré un resumen de los principales errores que cometió mi clase (me incluyo). Mientras, en esta publicación reflexionaré en torno a mi equivocación, de la cual hablo a continuación:

         Mi error fue opinar sin tener autoridad. Al menos en el titular, que reza: “Venezuela habla inglés tan mal como lo enseña”. La frialdad y generalización de mi titular me resulto preocupante, luego de que me los señalaran en la clase, porque no era consciente de que estaba opinando (y de paso arrogantemente) hasta que me lo dijeron.

 Cuando me senté a pensar el titular y sumario repasé mentalmente lo que me habían enseñado, en clase, lo que estos debían mostrar: el descubrimiento principal. Así que eso fue lo que escribí, con hiriente franqueza, tal vez algo inmadura, ahora que lo pienso. Pero no digo esto para excusarme; si no porque, ahora, me doy cuenta de lo fácil que es caer en este error inconscientemente.  

         Tal vez es por ello que la llamada objetividad periodística es tan difícil de conseguir. Es muy sencillo ver las noticias y reprochar la falta de imparcialidad del medio o del periodista en cuestión. Pero es muy diferente cuando estas dentro de este mundo, el periodístico. Empapándote de información sobre el tema que investigas (lo cual puede hacerte sentir que tienes autoridad para opinar sobre algo, cuando no es así). Escuchando casi la misma línea de opinión, en ciertos casos, por parte de tus entrevistados (llegando a creer, entonces, que esa es la una realidad existente). Y teniendo que hacer, sin falta, equilibrismo entre los diferentes lados/versiones de una situación, a pesar que el centro no siempre es la mejor opción (como en el caso de la pedofilia, tal vez).
  
 Con esto no quiero decir que debemos excusar y tolerar la falta de objetividad por parte de aquellos que laboran en el periodismo. Pero es importante sincerisarce (digo, con la toda la humildad que puedo ofrecer) acerca de estas situaciones; para entender cómo hacer un mejor trabajo (y no solo para tener una buena nota).

         Enfocándonos de nuevo en mi caso: Creo, a base de lo que explicó mi profesora, que abordé el tema (el nivel del inglés en Venezuela) prejuiciada. Y no dudo en darle la razón, pues enfoqué mi investigación en entender por qué no tenemos un mejor inglés (saltándome el “qué” hay), dada nuestra cercanía geográfica a E.E.U.U. y teniendo nuestros televisores, radios y cines inundados con material en esa lengua anglosajona. A pesar de que a todos mis entrevistados les pregunté cómo percibían el nivel del país (o de sus alumnos, en algunos casos).  Pero reflexionando me doy cuenta que pregunte acerca de esto último por mera formalidad. Ahora temo haber influenciado a mis entrevistados (al percibir su ya existente inclinación hacia la tesis de que el inglés venezolano es deficiente).

          Mientras el inicio de mi reportaje era evaluado colectivamente yo lucía muy serena y atenta, pero la verdad es que tenía dos “mini yo” al interior de mi mente. Una gritaba: “¡No estaba opinando! Esos son los descubrimientos de mi trabajo, ¡no es mi culpa que a la gente le duela la verdad! O que mi opinión personal, casualmente coincidiera. ¡No escribí en primera persona así que no son “mis” palabras!” Y la otra exclamaba: “¡Cállate! Deja la arrogancia y escucha lo que te dicen”.

 Le hice caso a la segunda y me concentré en entender los señalamientos de mi profesora. Entonces vi que este arrogante error (opinar sin autoridad) pudo evitarse si simplemente hubiera dejado hablar a los datos y entrevistados por mí. ¿Para qué ponerme la soga al cuello diciendo con mi voz (presente más allá del tipo de narrador que se emplee): “Venezuela habla mal inglés” cuando tenía un estudio demostrándolo? ¿Para qué ponerme a dar consejos o sentencias cuando el lector solo los tomará en serio, o de buena manera, si son mis entrevistados-expertos quienes dan las recomendaciones?

         ¿Por qué habría alguien hacerle caso a la opinión de una joven desconocida? Y más aún: ¿por qué habría yo, o alguien con las características de un novato como lo soy, tener una opinión realmente valedera?  Con esto no quiero decir que ser joven sea sinónimo de ser un descerebrado sin nada bueno que decir. Pero debemos reconocer, humildemente, que –a los jóvenes- nos queda mucho que aprender e incluso a los 80 años no lo sabremos todo y lo que pensemos (ahora o en el futuro) no tiene porqué ser correcto o agradarle a los demás.

         Opinar sin autoridad, aconsejar y sentenciar tienen su raíz en la arrogancia, al menos en mi caso. De hecho si tuviera que asignarle un pecado capital a mis errores en este primer reportaje sería el orgullo. Cuando elegí mi tema me dije “quiero hablar de cosas importantes, llamar la atención sobre los problemas que tiene nuestra sociedad para que la gente empiece a buscar soluciones”. Allí, viendo en retrospectiva, ya había señales de mi arrogancia (bien intencionada, quiero creer, pero arrogancia al fin). Y cuando redacte mi titular muchos compañeros me dijeron que debía suavizarlo. Pero me negué pensando hacia mis adentros: “¡claro! Consintamos a la gente, alimentemos el modelo paternalista y digámosle ‘agugu tata, tu inglés es bellísimo bebeshito lindo’”. ¡Qué pesada puedo ser!

         Jamás me detuve a pensar que, probablemente, yo no era quien tenía que decirle a la gente qué hacer (como un dictador que toma el control total alegando que solo él sabe qué es lo que conviene) o si los temas en los que estaba pensando y el enfoque que les estaba asignando eran los realmente importantes o si así lo percibían otros. Lo que me recuerda a una escena del anime The twelve kingdoms en la cual un viejo sabio le pregunta a la reina, que está aprendiendo de él para ser una mejor gobernante, qué es lo que el pueblo necesitaría para sobrevivir el invierno. Ella respondió, luego de pensar un momento, que un refugio, para protegerse del frío. Pero un niño pobre y huérfano, que los escuchaba, dijo: ¿no sería alimento? Y es que, como explicó el sabio, la reina (que venía de nuestro mundo y llegó a uno de naturaleza feudal) nunca había pasado necesidad, así que no podía saber a ciencia cierta lo que requería  la gente de su reino.  

         Así como la reina yo le atribuí a mi tema y a mi enfoque el grado de importancia que yo quise y no el que realmente tenían, o el que los demás (la sociedad) le asignaban.

         Por supuesto, todo tema, en menor o mayor medida, es importante y elegible para hacer un reportaje. Sería otro error de arrogancia decir lo contrario. Pero el punto de todo esto es que tener presente a los lectores a cada momento de la realización del reportaje es vital. Entendiendo que los lectores no son una masa homogénea que sigue una sola línea de pensamiento.

 La mayoría de los que leyeron mi reportaje sí tenían conocimiento del inglés y se sentían ofendidos con mi brusco y generalizador titular. Y allí me di cuenta que, no solo hay un importante sector de lectores que no tomé en consideración al escribir o incluso al investigar; si no que los lectores que en realidad no saben inglés (o no tienen buen nivel en dicho idioma) tal vez no son consientes de su carencia –me encontré muchos individuos así en la investigación-  y por tanto no pueden aceptar el duro titular que les dediqué.

 Y de todas formas ¿a quién le gusta ser criticado de tal forma? A mí no, y ya veo que a los lectores tampoco.   

Resumen de mis errores:
-Opinar sin autoridad
- No apartar mis prejuicios
- Dar consejos
- No tomar distancia
- No pensar en los que podrían pensar diferente a mí
- Generalizar
- Falta de coherencia entre el titular y la entrada (dónde hable de una chica que sí logró aprender inglés en Venezuela)

Y recuerden: ¡es fácil herir al lector!
            

19/04/2012

Mi primer reportaje + 7 consejos para novatos en el género


Esta semana entregué mi primer reportaje (para la universidad). Ha sido uno de los más duros retos que me ha dado la carrera hasta ahora. Más que los maratónicos exámenes teóricos o cualquiera de los tediosos trabajos, esos que exigen las tortuosas metodologías que tan mal se me dan.  Varios de mis compañeros de clases ya han gritado por facebook que desean terminar con esta materia (¡pensar que aún nos faltan cuatro reportajes más!). Yo, por mi parte, he renunciado completamente a buscar trabajo o realizar una actividad extra (como mi querido teatro o kung fu) hasta superar esta exigente prueba; que consume mi tiempo hasta el punto que me hizo faltar a otras dos materias y no dormir nada en 32 horas. Pero, pero, ¡pero!… me encanta este género. Sí, lo sé, estoy loca.

Cuando leí que Gabriel García Márquez  tiene como género- periodístico- favorito el reportaje no pude esperar a que me dieran la primera clase.  Al salir de ella, ya con la definición clara de lo que era un reportaje, me di cuenta de que eran reportajes lo que más me gustaba leer en internet. Al parecer tengo más en común con mi admirado García Márquez que el origen latino.

         “Siempre me traes unos temas jalados de los pelos” me dijo mi profesora, sin alterarse, cuando le entregué mi primer reportaje y le empecé a hablar de los temas para los siguientes.  El tema del trabajo que recién le había dado era acerca del inglés venezolano.   Ella siempre nos revisa y “aprueba” (o no) los temas antes de trabajarlos.  Suele “rechazarlos”  si es un tema muy repetido en los medios de comunicación, al menos que tengamos un ángulo realmente nuevo e interesante.  Graciosamente el problema con mis temas no es lo común, sino todo lo contrario. No logro explicar lo que quiero hacer con mi reportaje y la profesora no lo capta del todo.  Supongo que soy la chica de las ideas raras de mi grupo. Pero creo que: o estoy en mejor sincronía con este género que con los anteriores; o la profesora ya sabe (por el semestre pasado, en el que me dio “entrevista”) que mis extrañas ideas al final no son tan malas.

         Incluso ya me aprobó el tema de mi reportaje final: El islamismo en Venezuela.  Aunque por ahora el reto inmediato es hacer un reportaje acerca de, como yo lo llamo, la desnutrición invisible. Un tema que me picó la curiosidad desde que una amiga -que estudia nutrición- me explicó que “uno puede estar gordo y aún así estar desnutrido”.  Veamos hasta dónde llegan mis capacidades con el reportaje y hasta dónde me llega el amor a este género. Por ahora solo puedo emocionarme y sonreír ante el reto.

Consejos para novatos en reportaje:

1) Cuídate de dedicarle demasiado tiempo a la investigación documental antes de empezar a buscar cita con los entrevistados. Es bueno estar empapado del tema para saber qué preguntas hacer a tus fuentes vivas; Pero recuerda que ellos no están sentados en la esquina de tu cuarto, esperando ansiosos para atenderte. Pueden tardar hasta una semana (o más) en responderte un correo electrónico.

2) No ofrezcas el “esto solo lo verá el profesor y yo” o el anonimato si la fuente no te lo pide. Y si lo hace debes cumplirlo. Tampoco debes insinuarlo porque no es justo que le hagas creer a la fuente que sus palabras no saldrán del entorno privado. Y te puede traer problemas, o a tus fuentes, si luego ese reportaje, por las razones que sea, se publica en algún sitio (ya sea en internet o un medio tradicional).

3) Aunque no debes ofrecer el anonimato sin que te lo pidan debes preguntarle a tu fuente, antes de empezar preferiblemente, si lo puedes citar por su nombre. Después de todo, si al final de la entrevista él cierra con un “¡bueno, pero que esto quede entre nosotros!” no importa las grandes revelaciones que te haya dado, un anónimo vale poco para el público. Si le preguntas primero la fuente normalmente aceptará, aunque seguro será más cuidadoso con lo que dice.

4) Revisa de inmediato lo que encuentres. ¿De qué sirve guardar en “favoritos/marcadores” todo lo que veas en internet, acerca de tu tema, si no lo lees? Mi mayor error fue decir “mmm, esto luce bien, lo veré a fondo luego”. Cuando me fijé tenía casi 60 links (muchos de ellos tesis complejas y larguísimas) y nada de tiempo para revisarlos a fondo.

5) Aprende a usar los recursos. Perdí casi una semana tratando de contactar a algún colegio bilingüe para ver que tan efectivos eran y averiguar su metodología de enseñanza. Para el sábado me había rendido y pase el día deprimida en cama. Cuando el domingo me recuperé de mi episodio de patetismo escribí en facebook el nombre de uno de esos colegios. ¿Los resultados?: amigos en común con unos cinco graduados de dicho sitio. Una de ellos estudiante de mi misma universidad y facultad. Por otro lado vía twitter encontré un lingüista que, además de tuitiar excelente material, es bastante simpático y aceptó encantado a ayudarme. ¡Hasta empezó a seguirme en twitter!

6) Se proactivo. No te quedes sentando esperando que te devuelvan la llamada. Más de un maestro del periodismo ha dicho que la sala de redacción ideal es la que está vacía. Eso quiere decir que debes salir a la calle e ir a donde suceden las cosas o están las personas que te interesan.

7) Cuando redactes se como el joven mano de tijeras o Rajoy: ¡recorta, recorta, recorta! Lamentablemente tenemos que adaptarnos al límite de espacio que se nos asigna. Y no siempre cabe todo lo que encontramos. Así que aprende a jerarquizar y elegir partes importantes pero que tengan sentido en su conjunto.


Esos son, por ahora, los consejos que doy en base a la experiencia de mi primer reportaje.  ¡Buena suerte! Ambos la necesitamos. 

 @VillarJessicaPalabras ilusas

28/03/2012

Película: Hachiko: A dog's story / Siempre a tu lado


Sinopsis:
Hachiko es un perro de una raza originaria de Japón. Por giros del destino es encontrado y criado en Estados Unidos por un afable profesor. La historia sigue la relación amistosa que desarrollan estos dos. Hachiko demuestra ser un perro muy inteligente y fiel; al esperar todos los días a que su amo regrese del trabajo (frente a la estación de trenes que usa el profesor par air a la universidad). El amor del can (y la trama) alcanza su punto máximo cuando el hombre muere y Hachiko pasa el resto de sus días esperándolo frente a la estación.



         Opinión:

Hachiko existió en la realidad y su historia es más o menos como ocurre en la película, exceptuando el hecho de que todo ocurre en Japón. Por ello agradezco que Hollywood se apegara a la sencillez y no insistiera en distorsionar la historia; volviendo a Hachiko un súper perro que salvara a un montón de niños huérfanos de un edificio en llamas o algo así.   Si bien el guión cuenta con toques comerciales (como la introducción del nieto del profesor contando todo con un discurso muy endulzado) hay que darle el merito de disponer las líneas y escenas correctas cuando correspondían. Y tal vez el mayor aplauso se lo debamos dar (además de al perro, que ha dado una actuación mejor que muchos humanos) al director. Quien ha sabido cómo hacer una película con un animal como protagonista sin dejar que este terminara humanizado.

         Una historia sencilla, conmovedora y sobretodo real. Cuya capacidad de suavizarnos el corazón sin empalagarnos la hace completamente recomendable.

Amo este tipo de historias, nos devuelven algo del alma que hemos perdido y lo logra justamente porque no es un cuento de Hollywood. Fue real y eso es lo que espero recuerden mientras ven el filme. 

El Hachiko real

Estatua en honor a Hachiko (Japón)

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